Audio-Technica ATH-M50xBT2, análisis

Descienden de un auricular de estudio, aguantan cincuenta horas de batería y renuncian a la cancelación de ruido. Cómo suenan, qué ganas con esa renuncia, por qué conviene no juzgarlos el primer día y para quién no son.

Los Audio-Technica ATH-M50xBT2 no cancelan el ruido. Tampoco paran la música al quitártelos, ni traen sonido espacial, ni ese menú de modos que ocupa media caja de cualquier rival. En 2026 eso parece haber llegado tarde al mercado, hasta que uno mira dónde está puesto el dinero y entiende la jugada.

Los tenemos en la tienda, así que el aviso por delante: las impresiones de escucha que aparecen aquí salen de quienes los han usado a diario durante semanas, no de una prueba nuestra. Lo demás son especificaciones comprobadas y lo que se puede decir con ellas en la mano.

De dónde vienen y cómo están hechos

Descienden de los ATH-M50x, el auricular de monitorización que lleva desde 2012 en estudios, cabinas y mesas de producción. Esta es la segunda generación inalámbrica, que actualiza los ATH-M50xBT de 2018, y no disimula el parentesco: cerrados, grandes, plegables, de plástico reforzado con diadema de acero ajustable y almohadillas de polipiel. Pesan 307 gramos y se notan, aunque las almohadillas rodean la oreja entera y la diadema no aprieta los primeros días. A cambio no se mueven de la cabeza aunque bajes corriendo unas escaleras.

Los auriculares Audio-Technica ATH-M50xBT2 en negro, vistos de perfil sobre fondo blanco
La diadema de acero ajustable y las bisagras que permiten plegarlos y girar las copas. El nombre va a la vista, como en el modelo de estudio del que descienden.

Los mandos son físicos y están todos en la copa izquierda: volumen, reproducción, salto de pista, llamadas y asistente. Eso, que suena a detalle menor, es de las cosas que más se agradecen con guantes, a oscuras o con prisa, tres situaciones que ningún panel táctil ha resuelto todavía. En la caja vienen el cable de audio de 1,2 metros, el de carga de 30 centímetros y una bolsa blanda, que no es estuche rígido.

Lo que dice la ficha

Transductores de 45 milímetros, un DAC AK4331 y amplificador propio dentro, respuesta declarada de 15 a 28.000 Hz, 38 ohmios de impedancia y 99 dB de sensibilidad. Ese conjunto está pensado para sonar bien enchufado a un móvil, sin necesitar amplificación aparte.

En lo inalámbrico, Bluetooth 5.0 con SBC, AAC y LDAC. Conviene fijarse en lo que falta: no hay aptX, así que un Android que no traiga LDAC activado se queda en SBC, el códec básico, y ahí se nota. LDAC puede llegar a 990 kbps, aunque baja solo a 660 o 330 si la conexión se degrada. Hay emparejamiento multipunto para dos dispositivos a la vez, Google Fast Pair y una aplicación, A-T Connect, para cambiar de códec, ecualizar con perfiles predefinidos o uno propio, ajustar el balance entre canales, afinar los pasos de volumen y activar el modo de baja latencia.

Ese modo de baja latencia merece una explicación, porque hay un límite que ningún Bluetooth esquiva del todo: el sonido llega con retardo. Para ver series, escuchar música o jugar, con el modo activado no se nota. Para montar vídeo sí, y mucho, porque un corte que con los cascos puestos parece clavado al golpe de la música se descuadra en cuanto lo escuchas en otro sitio. Quien los compre para editar que cuente con trabajar por cable, que para eso viene en la caja.

La autonomía es el otro titular: 50 horas declaradas que se sostienen con uso diario de varias horas, diez minutos de USB-C para unas tres más y carga completa en tres horas y media. Buena parte del mérito está en lo que no hacen, porque sin cancelación activa no hay procesado permanente comiendo batería. Y cuando se quedan sin nada siguen funcionando en pasivo con el cable, aunque no se pueden usar mientras cargan: o están enchufados al USB o están sonando.

Cómo suenan

El perfil no maquilla. No hay grave inflado para impresionar en los primeros treinta segundos ni agudo empujado para fingir detalle, de modo que la primera escucha resulta casi sobria y las interesantes son las siguientes. Con música densa, de esa que esconde información en los extremos de la mezcla, la escena se abre y cada elemento mantiene su sitio: las voces flotan sobre la base sin desdibujarse y los golpes conservan su posición incluso cuando la canción parece a punto de descarrilar.

El dato más revelador aparece en una de las pruebas publicadas: un barrido de graves de 20 a 200 Hz les salió plano, sin baches apreciables. Es una medición ajena y sin detalle del montaje, de modo que vale como indicio y no como certificado, pero encaja con todo lo demás y explica dos sensaciones que parecen opuestas. Con material detallado suenan sobrios y controlados; con grabaciones que ya traen el grave dentro, suenan grandes y rotundos, porque el auricular entrega lo que hay sin añadir ni quitar. El grave tiene cuerpo y nunca ocupa el sitio de nadie.

Puestos al lado de un rival de consumo, de esos afinados con el grave con pegada de fábrica, los Audio-Technica pierden en los primeros minutos y ganan a las pocas horas. Tienen menos contundencia abajo y el conjunto sale más limpio, y eso se traduce en algo práctico: más estilos de música funcionan sin tener que tocar el ecualizador.

La contrapartida está en el otro extremo del repertorio, y es la pega más útil de todo el análisis: son cerrados y se nota en la música clásica. El ambiente de la sala se pierde, las cuerdas salen más suavizadas que brillantes y, en una grabación de piano en directo, las notas tienen pegada pero el recinto desaparece. Si lo que más escuchas es orquesta o jazz acústico grabado en sala, esto pesa más que cualquier otra cosa dicha hasta aquí.

Lo verdaderamente raro de estos auriculares es lo poco que se pierde por el aire. En casi cualquier inalámbrico, enchufar el minijack provoca un salto de calidad inmediato; aquí el cable aporta matices y poco más, hasta el punto de que en una de esas pruebas el analista acabó prefiriendo el Bluetooth, porque por cable el grave le resultaba demasiado envolvente. Preferir lo inalámbrico a lo cableado es una rareza y dice bastante de para qué están afinados.

No los juzgues la primera tarde

Hay un detalle que conviene conocer antes de devolverlos: a bastante gente le parecen espesos de grave al estrenarlos y equilibrados una semana después. El rodaje en auriculares se da por hecho, aunque la explicación habitual no es la buena. Comparando transductores nuevos con otros ya rodados, las diferencias medidas quedan por debajo del decibelio y no son consistentes, así que el altavoz en sí cambia bastante menos de lo que dice la leyenda.

Lo que sí cambia de forma medible son las almohadillas. Al comprimirse con el uso varían el sello contra la cabeza y mueven el transductor respecto a la oreja, y ahí se han medido diferencias de uno o dos decibelios a lo largo del espectro. Con unas almohadillas gruesas y firmes como estas, esa es la explicación más probable, aunque las cifras salgan de mediciones generales y no de este modelo en concreto. Súmale que el oído se acostumbra a un timbre nuevo en unos días y sale el consejo práctico, que es de andar por casa y no una conclusión de las mediciones: dales una semana de uso antes de decidir.

Lo que renuncias

Sin cancelación activa, el aislamiento es solo el que da la almohadilla rodeando la oreja. Vale para una oficina, un tren o una cafetería, y no para el motor de un avión ni para el metro. Esa es la renuncia grande y no hay manera de endulzarla.

Hay un argumento a favor que merece la pena conocer, porque no es marketing. La cancelación activa trabaja sobre la señal y modifica la respuesta del auricular, cuánto depende del diseño y del modo. Como mucha gente la deja encendida siempre, varios fabricantes afinan el conjunto para que suene bien con ella puesta, y eso deja el modo sin cancelación sonando raro pese a ser el camino más corto entre el transductor y la oreja. Quitarla del diseño evita ese compromiso y además abarata el aparato.

Lo demás que falta es menor: no se pausan al quitártelos, el cambio entre los dos dispositivos emparejados tarda un par de segundos en decidirse, y los micrófonos cumplen en una videollamada sin lucirse en la calle.

Precio y para quién son

Salieron por 199 euros y buena parte del comercio sigue ahí: a mediados de octubre, en PcComponentes están a 199. Nosotros tenemos los ATH-M50xBT2 en negro a 180,68 euros con IGIC, dieciocho menos. Los precios de este modelo se mueven bastante según la tienda y la semana, así que merece la pena mirar el día que compres.

Son para quien escucha música a propósito, sentado, y quiere que el dinero esté en el transductor y no en el menú de funciones. Para quien trabaja con sonido y quiere una referencia inalámbrica que no le mienta. Y para quien se harta de cargar auriculares, porque una autonomía de ese orden significa olvidarse del cargador durante semanas.

No son para quien vuela a menudo, viaja en metro a diario o escucha sobre todo clásica de sala. Si tu caso es ese, el dinero rinde más en algo con cancelación decente aunque el transductor sea peor, y eso también hay que decirlo desde detrás del mostrador.