Epomaker enseña el Galaxy75: aluminio, inalámbrico y todavía sin precio
Chasis de aluminio, montaje por juntas, cinco capas de espuma y batería de 8.000 mAh para un teclado de formato 75% con VIA y circuito intercambiable en caliente. Epomaker ya lo ha enseñado, aunque ponerlo encima de una mesa de aquí tenga más pasos de los que parece.
Epomaker ha enseñado el Galaxy75, la versión de formato 75% de su gama Galaxy, en una retransmisión y con ficha ya publicada en su tienda. Chasis de aluminio, montaje por juntas, cinco capas de material absorbente y conexión por cable, Bluetooth o receptor de 2,4 GHz. Lo único que falta es lo que suele importar más: cuánto cuesta y cuándo se puede comprar. La ficha sigue en "próximamente".
Qué trae exactamente
El formato es un 75% clásico, 81 teclas, con fila de función completa, una tecla en la posición F13 y la columna de navegación de cuatro teclas pegada al borde derecho. Nada de reinventar la distribución, que es justo lo que a mucha gente le gusta de este formato: ocupa poco más que un teclado sin bloque numérico y conserva las teclas de edición donde el dedo las busca.
De la ficha oficial salen algunos datos que no se han contado mucho. El circuito es intercambiable en caliente y admite interruptores de tres y cinco patillas, así que los Creamy Jade que trae de fábrica son el punto de partida y no una condena. La retroiluminación va orientada al sur, detalle que solo importa si piensas ponerle teclas de perfil alto: en esa posición el diodo no queda tapado. Y el ángulo de escritura es fijo, sin patas regulables.
Merece la pena saber qué son esos Creamy Jade, porque de fábrica no hay otra opción. Son lineales, bajan rectos hasta el fondo sin el escalón que se nota en los táctiles ni el clic de los ruidosos. Piden 45 gramos para activarse y 50 para llegar abajo, con 2 milímetros de recorrido hasta que registran la pulsación y 3,6 en total, que los deja en la zona media de dureza, ni de pluma ni de muelle duro. Vienen lubricados de fábrica, el tratamiento con el que se combate el rasqueo y el ruido a muelle de los interruptores baratos, y montan vástago de POK con carcasa de policarbonato arriba y PA66 abajo, la receta habitual para buscar ese sonido grave que persigue el teclado entero. Si aun así no te convencen, cien unidades de otro modelo salen por unos veinte dólares y el cambio se hace con los dedos, sin soldador.
Saldrá en tres acabados con su juego de teclas a juego. El negro lleva teclas negras y naranjas con impresión de ciudad, y los dos en tonos lavanda y rosa combinan teclas de PBT macizo con otras de ABS opaco bajo una capa transparente y leyendas impresas en ultravioleta. El perfil de las teclas no aparece en la ficha de Epomaker, aunque en la presentación se habló de perfil Cherry.
Qué compras con el aluminio y las juntas
Esas palabras de catálogo se repiten en toda esta gama de teclados y casi nunca se explican, así que van traducidas.
El montaje por juntas significa que la placa donde van los interruptores no está atornillada al chasis, sino apoyada sobre tiras de material blando. La idea es que el teclado ceda un poco al teclear en lugar de devolver el golpe seco contra el metal, y que el conjunto no suelte ese tintineo agudo que delata a los teclados baratos. Las cinco capas de espuma, poron, IXPE, PET y esponja, están ahí por lo mismo: rellenar los huecos internos para que la caja no haga de caja de resonancia. Lo que persiguen todos estos fabricantes es un sonido grave y apagado, y al aluminio se le atribuye parte del mérito por peso y por rigidez. Cuánto de todo esto se nota en la mesa es algo que no sabremos hasta tenerlo delante: nadie lo ha analizado todavía, nosotros tampoco.
Esto es lo que separa un teclado mecánico de veinte euros de uno de cien. Los dos tienen interruptores mecánicos y los dos funcionan perfectamente para jugar y escribir. La diferencia está en el ruido que hacen, en lo que pesan cuando los empujas por la mesa y en si puedes cambiarles las piezas. Si nunca te ha molestado cómo suena tu teclado, el de veinte euros es una compra sensata y aquí no hay nada que te haga falta.
VIA, que es la parte que más vida le da
El Galaxy75 es compatible con VIA y con la aplicación propia de Epomaker. VIA es el programa estándar de este mundillo para reprogramar un teclado: cambias lo que hace cada tecla, montas capas enteras con funciones distintas y lo guardas en la memoria del propio teclado, de modo que te acompaña al enchufarlo en otro ordenador. Para quien se pase el día en un programa con atajos raros, esto vale más que cualquier interruptor.
La herramienta de configuración de Epomaker funciona dentro del navegador y solo con Chrome o Edge: con Firefox o Safari ni siquiera llega a conectar con el teclado. Quien no tenga instalado ninguno de los dos se enterará con el teclado ya encima de la mesa.
La batería, que es el número raro de la ficha
Lleva 8.000 mAh repartidos en dos celdas de 4.000. Para un teclado es una barbaridad: hay teléfonos con menos. En principio son semanas de autonomía con la iluminación apagada, que es como acaba usándose casi siempre.
La ficha no dice a qué velocidad carga, y ese dato importa más de lo que parece. En un modelo hermano con esa misma batería, quien lo analizó midió una carga de apenas tres vatios, lo que deja la recarga completa cerca de las veinticuatro horas. Del Galaxy75 no hay mediciones todavía. Con una batería de ese tamaño, lo que tarde en llenarse deja de ser un detalle menor. Se puede teclear con el cable puesto mientras carga, así que tampoco es dramático.
Precio y cómo llegaría hasta aquí
No hay precio oficial. La estimación que circula, entre 80 y 100 dólares, sale de lo que cuestan sus hermanos: el Galaxy68 y el Galaxy70 están a 99,99 dólares en la tienda de Epomaker. Encajaría con el material que monta. Nadie de la marca la ha confirmado.
Estos teclados tampoco tienen distribución real en España. La ficha del Galaxy70 en Amazon aparece sin ofertas disponibles, así que en la práctica se compran en la tienda del fabricante, en dólares y con envío desde fuera de la Unión Europea. Al precio hay que sumarle el transporte y lo que corresponda al llegar, que para quien lo reciba en Canarias significa el despacho de aduana más el IGIC. Un teclado de cien dólares puede acabar en bastante más de cien euros encima de la mesa, y ese cálculo es mejor hacerlo antes de darle a comprar.
Si lo que quieres es un teclado de aluminio con sonido trabajado, este apunta bien y merece la pena esperar a que abran las reservas para ver el precio real. Si lo que quieres es un teclado mecánico que funcione, enchufarlo y olvidarte, cualquiera de los que tenemos en la tienda por treinta euros hace ese trabajo sin que tengas que vigilar un envío internacional.